¡Es la educación, estúpido!

Me permito hacer una versión más, si cabe, de aquella frase que hizo famosa Bill Clinton durante la campaña electoral de 1992 “(Es) la economía, estúpido“. En realidad no quiero hablar de la educación, sino de la participación ciudadana, pero hay un factor que defendí siempre que pude mientras ocupé la presidencia del Consejo Provincial de la Juventud de Valladolid (CPJV) y que recogimos en nuestras propuestas para el 2º Plan de Juventud de la Diputación de Valladolid: educar en la participación.

Sinceramente, cuando presentamos el documento a Diputación, aunque ya éramos conscientes de que “a participar, también se educa“, no lo dimos la suficiente importancia en nuestras propuestas. Ha sido a lo largo de 2008 cuando más insistimos en ello, proponiendo que se realizase un plan de participación ciudadana como se realiza en otros ayuntamiento y diputaciones. No nos han hecho caso, ni en esto, ni en la mayoría de nuestras propuestas como en la creación de metalabs -espacios de creación e innovación en cualquiera de sus variantes-, pero dejemos este asunto para quizás, otro artículo.

Desde diversos ámbitos se ha criticado la falta de participación de los jóvenes en general, pero también en particular en las actividades que organizan ayuntamientos y otras administraciones. La crítica a lo particular es la menos grave. De echo provocó una de las preguntas más absurdas que un técnico me han hecho en una de las primeras reuniones del I Plan de Juventud de la Diputación de Valladolid:

“No entiendo porqué las actividades no funcionan ¿qué es lo que queréis los jóvenes?”

Es insólito como a veces la administración puede llegar a ser tan ignorante. ¿Esperan quizás que por organizar una actividad acudan los jóvenes en masa?, ¿creen que somos homogeneos y de monopensamiento?. Es sencillamente una estupidez. Su problema es la falta de diálogo, su rigidez de funcionamiento, el norvativismo y en cierta medida la politización de sus acciones, no en sentido ideológico, sino de imagen política.

Es la primera afirmación en cambio, la que más me preocupa. Es falso que los jóvenes en particular participemos poco. La falta de participación es general en todas las edades y en todos los sectores de la población. El fallo está en la base.

A participar también se educa. Y hay que hacerlo desde la infancia. En el curso “Políticas de Juventud de la Comunidad de Castilla y León” (2005), un técnico de juventud alemán expuso una iniciativa que se desarrolla anualmente en la ciudad de Munich: MiniMunich. Esta iniciativa consiste en recrear en los colegios de la ciudad durante un día con los alumnos de primaria el funcionamiento de la misma. Unos ejercen de alcalde y concejales, otros de policías, del servicio de limpieza, comerciantes, empresarios, administrativos, etc. La intención era hacer comprender de un modo simplificado cómo funciona y se gestiona una ciudad. Se introducen a lo largo de su desarrollo varios condicionantes que provocan problemas o tensiones que se deben resolver, tanto por parte del “ayuntamiento” como por “los ciudadanos”.

Los chavales aprenden, por ejemplo, que si no se pagan impuestos no se puede tener unos servicios básicos, pero si estos son muy altos provocan problemas a los ciudadanos. Crean el presupuesto y distribuyen el gasto del ayuntamiento. Los que hacen de ciudadanos, aprenden a exponer sus problemas a la administración, ya sea mediante quejas particulares u organizándose en asociaciones vecinales. Comprenden que no pueden hacer lo que quieran porque pueden perjudicar a otros vecinos, por lo que es importante crear unas normas. Esta dinámica se repite en multiples ejemplos y situaciones que de modo muy simplicado, sus educadores introducen. Se trata de que comprendan el funcionamiento de una ciudad y a que participen en el mismo. En definitiva, se trata de crear ciudadanos.

Es básico una formación en la participación desde la niñez, mostrar que existen formas de canalizar inquietudes y que para mejorar las cosas o cambiar las que no funcionan deben aportar su granito de arena. Conseguiremos así y con toda seguridad, unos mayores índices de participación de la ciudadanía en todos los aspectos. Pero esto sólo se consigue realizando políticas estructurales y no de talonario, otra de las cosas que he criticado en las políticas de juventud de la Diputación de Valladolid, pero que tampoco es exclusivo de ella, sino más bien una tara que arrastra nuestra acomodada clase política.

Había una idea que me rondaba por la cabeza, una de esas que aunque piensas -y en parte experimentado-, no te atreves a decir salvo en los círculos más cercanos, pero que en una discusión en los Encuentros Estatales de Servicios de Información Juvenil (fotos) sí quise poner sobre la mesa. Sencillamente se trata de que los políticos (y la administración que les sirve) intentan evitar la participación ciudadana para evitarse problemas. No prohiben, sencillamente encauzan o adormecen a la población. Ofrecen alternativas que les sean cómodas. Para aquello que no les gusta, ponen tantas trabas legales, administrativas o de cualquier otro tipo, que hace muy difícil ejecutar esa iniciativa o fuerzan, por desgaste, que la gente las vaya abandonando. Pueden potenciar que hagas A, B, C y D, pero E, F y cuaquier otra que no les gusta, no sólo no van ser mostradas, sino que sin prohibir, van a intentar hacer el camino lo más empinado posible.

Consecuentemente, ¿podemos afirmar que la clase política busca el adormilamiento de la ciudadanía, evitar que participe?. Ese un tema del que de diferente manera, también habló Enrique Dans.